martes, 26 de octubre de 2021

Costocondritis

Me duele. Me duele mucho. En el avión siento que el pecho me va a explotar. Me duele el corazón. Me duele el esternón. Me cuesta respirar. Llevo una gran carga que me aprieta el pecho. El corazón, ¿me va a fallar?

**

Han pasado un par de días desde que aterricé. El médico dice que tengo costocondritis. En el lado izquierdo del pecho. En la cuarta costilla. Hablo contigo sin saber nada. Pronto haremos cuatro años. Cuatro. La cuarta costilla.

**

¿Salí yo de tu costilla o tú de la mía?

**

Me cae encima el gran diluvio. Este dolor físico en el pecho se transforma ahora también en un símbolo. Me duele el corazón literal y figuradamente. Me va a estallar. Qué significa me va a estallar. Que se desploma mi casa de costillas, la estructura de huesos que albergaba mi centro.

Dónde pongo ahora mi corazón ahora, dónde lo pongo.

**

Han pasado dos meses desde que aterricé por primera vez, y dos semanas desde que volví a aterrizar por última vez con todas mis cosas. Mi casa a cuestas. El médico dice que este dolor asusta pero es común, inofensivo. Que me curaré. Que no puedo hacer nada porque las costillas no pueden manipularse para hacerlas volver a su sitio. Que ni masajear la zona dolorida ni la terapia servirán para nada. Que ocurrirá con el tiempo. Que pueden ser dos meses o un año, que no se sabe.


Dejarme caer

a lo fácil

a lo que siempre estuvo aquí

esperando el desplome de mi cuerpo

tierra e idioma,

alimento

con sus brazos suaves y abiertos.

domingo, 24 de octubre de 2021

La última

Es la última regla

el último ciclo en que mi cuerpo

podría haber albergado

un pedazo del tuyo.

Pero ya no seremos

ya no tendremos hijos

me digo y miro la sangre rosa

que pinta el papel higiénico

de mi pis de recién despertada

a pesar de la gota de sangre

que hace diez días fantaseé

era sangrado de implantación.

Y cómo podría albergarte

cómo podría mi cuerpo ser hogar

de algo que también fuera tuyo

si ya me has dicho que tú

no eres mi hogar.

Aunque me hables de luces y radiadores

en una casa que ya

empieza a estar fría.

Ya no.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Nada

Duele demasiado aún

para escribir

eso me digo

y así registro la nada

este dolor blanco

que me ciega y me ensordece

cada minuto de vigilia

este ya-no-ser.

sábado, 16 de octubre de 2021

Huellas

Cuando descubrí esas pequeñas huellas

un año antes,

luego unos meses antes,

renovadas palabras

búsquedas de nombres ajenos

a mí

a nosotros

las enterré en lo más hondo de mí

rechacé eso que sugerían

como rechacé a los catorce

la posibilidad de que mi padre no fuera mi padre,

que aquel con quien vivía

no era exactamente quien decía ser,

que fingiera

cara oculta dentro de sus pómulos familiares,

que el hueco de su cuerpo

ocultara algo falso o simulado.


martes, 12 de octubre de 2021

Y entonces llegaron los cuatro últimos días. Y esta vez fue de verdad.

Y te hice el amor hasta agotarnos para asegurarme de que no te quedaba una gota de semen, de que durante días y semanas y meses soñarías conmigo desmelenada, a horcajadas sobre ti, haciéndote el amor y casi rompiendo la cama, haciéndote el amor antes de desayunar. Para asegurarme de que no me olvidarías.

Y por las noches me abrazaste y apenas dormimos, escuchando la respiración del otro y sintiendo su espalda, sus brazos, su sexo. Y preparamos juntos grandes festines que comimos sin apenas hambre, para celebrar nuestro amor, y salimos a hacer cosas que hacen las parejas como ir a hacer la compra o comprar algo en una papelería o devolver libros a la biblioteca de Viiki.

Y al despedirnos en el aeropuerto lloraste a lágrima viva y me dejaste el pelo lleno de mocos, y yo sentí que dejaba mi corazón en tierra y lloré entre extraños y sentí que no podía respirar y me sentí morir como nunca antes, porque sin duda una parte de mí moría contigo.

domingo, 3 de octubre de 2021

Devuelta aquí
a mi país
extranjera
más extranjera que allí
todo extraño
mil veces ajena
mil veces sin casa
tierra devastada
sin frutos
desquerida.

sábado, 2 de octubre de 2021

Rotura

01/10

Sentí que caía al vacío. Que mi vida, que ya antes no tenía norte, perdió su sentido por completo. Intenté agarrarme con piernas y brazos, te ofrecí mi corazón y mi sexo, pero nada funcionó. Tú ya no me querías como antes.

Caminando por la ciudad, miré fijamente los lugares en los que habíamos estado, y me dolió tu ausencia como si me arrancaran el corazón una y otra vez. La parada de metro donde te esperé esa primera vez. El cine a cuya salida te besé de puntillas después de ver aquella película tan rara. Los bares y restaurantes donde comimos; la calle donde te besé por primera vez mientras te acariciaba el cuello. La estación donde cogíamos el autobús para ir a la casa donde entonces vivías. Nuestro principio.

Si pudiera recorrer todas las calles de las tres ciudades en las que vivimos, si pudiera recorrer nuestra relación desde el día 1, si pudiera una última vez recorrer tu cuerpo. Agotarme. Solo quiero agotarme para no pensar en mi vida que ya no será. Toda mi vida ya no será. 

Me sentí idiota por echar de menos mi fantasía heteronormativa. No me sentí idiota por echar de menos la domesticidad, el calor del hogar que habíamos construido, la casa de mi alma (tu alma).

02/10

Sentí que todos los seres y las cosas que me habían acompañado durante el tiempo que estuve contigo jamás volverían a reconfortarme (el cielo, los pájaros, la lluvia, el bosque en otoño, los lagos, los ciervos, las flores silvestres en verano, el agua, los jardines, las fogatas, las barcas, los peces, Mary Oliver, Elizabeth Bishop, los libros que hablan de los árboles). 

03/10

Me hostigué pensando en las cosas que podría haber hecho de otra forma; en cómo podría haberte querido mejor, corresponderte al amor que me dabas, demostrarte lo que te quería. Recordé las veces que pensaba en darte una sorpresa para luego siempre acabar retrotrayéndome a mi no-generosidad, a mi absurda economía. En cómo te negué mi cuerpo una y otra vez hasta que acabaste aborreciéndome.