Y entonces llegaron los cuatro últimos días. Y esta vez fue de verdad.
Y te hice el amor hasta agotarnos para asegurarme de que no te quedaba una gota de semen, de que durante días y semanas y meses soñarías conmigo desmelenada, a horcajadas sobre ti, haciéndote el amor y casi rompiendo la cama, haciéndote el amor antes de desayunar. Para asegurarme de que no me olvidarías.
Y por las noches me abrazaste y apenas dormimos, escuchando la respiración del otro y sintiendo su espalda, sus brazos, su sexo. Y preparamos juntos grandes festines que comimos sin apenas hambre, para celebrar nuestro amor, y salimos a hacer cosas que hacen las parejas como ir a hacer la compra o comprar algo en una papelería o devolver libros a la biblioteca de Viiki.
Y al despedirnos en el aeropuerto lloraste a lágrima viva y me dejaste el pelo lleno de mocos, y yo sentí que dejaba mi corazón en tierra y lloré entre extraños y sentí que no podía respirar y me sentí morir como nunca antes, porque sin duda una parte de mí moría contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario