No sé qué esperaba
solo sé
que lo que me dio de beber antes
ahora no me sacia
y sin embargo el frescor del norte
su agua
y su paz
tranquilizó a mi corazón.
De camino a Isle-en-Dodon, en el bus lleno de chicas adolescentes: pensar en Carlota y acordarme de esa pátina de chicle de fresa que lo cubría todo en la adolescencia, como una película brillante que estalló cuando cumplí los 18 años revelando la fealdad del mundo.
De qué tenía miedo: de no volver íntegra, de estropearme la piel o romperme algo, de vivir algo que cambiaría la serenidad con la que volvía de Portugal; de volver dañada.
Tranquilidad: la certeza de quedarse.
Sentido de la aventura: salpicada de viajes conmigo misma.
El dulce colofón: volver a los naranjos.