miércoles, 11 de junio de 2025

Un número por línea

un beso

dos caras

tres hermanos

cuatro cubiertos

cinco comensales

seis aceitunas

siete de agosto

ocho vasos

nueve canicas

diez peces

once ciegos

doce huevos

trece gatos

catorce A

quince rosas

dieciséis años

diecisiete escalones

dieciocho meses

coche diecinueve

veinte afectados

piso veintiuno 

veintidós adioses

veintitrés libros

vía veinticuatro 

veinticinco minutos

veintiséis grados

veintisiete horas

veintiocho gramos

veintinueve euros

treinta puntos


Texto:

Me dio un beso y se despidió, con ese hacían veintidós adioses. Subí los diecisiete escalones uno por uno, despacio, pues hacía mucho calor. Yo estaba de nada menos que dieciocho meses. Cuando llegué al restaurante ya todos estaban allí. Había cuatro cubiertos a la mesa, a pesar de que éramos cinco comensales. Pedí otro más. Me senté y resoplé fingiendo hastío, a pesar de que por dentro me invadía el gozo. Ni yo misma me lo explicaba: siempre fui una persona de dos caras. Era siete de agosto, el día del cumpleaños de mamá, por eso estábamos allí. Pedí el pato con salsa de frutos rojos, que costaba veintinueve euros. Me acomodé y sonreí. Todos me miraron expectantes. Entonces, mientras roía la carne de exactamente seis aceitunas, les conté lo que ella me había dicho: que el tren había partido de la vía veinticuatro, no de la catorce, como originalmente estaba previsto, que en el vagón viajaba un anciano con trece gatos, y que entre una cosa y otra no había llegado a casa sino veintisiete horas después. Veinticinco minutos más tarde trajeron los entrantes, que los tres hermanos engullimos, mientras nuestros padres nos miraban con cara de circunstancias y hablando sobre no sé qué noticia de un incendio en el piso veintiuno de un edificio unas calles más abajo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario