Los pájaros salían de entre las astillas como embarrados, con el plumaje rosado como mustio. Ella miró hacia arriba. Se imaginó que era un pájaro. La maleza entrecruzada parecía astillas, pero se dijo: "tengo que avanzar". Tomó un camino negro que pasaba bajo dos árboles que parecían dos calas enormes. Allí arriba, las calas juntaban sus copas como acariciándose, y en ellas había posados varios pájaros. Entonces se preguntó si la maleza no sería una encarnación de sus propios pensamientos, tan enrevesados. Se agachó, montó en la barca y cruzó las zarzas surcándolas fácilmente hasta la torre de paja en el otro extremo del claro. En el río había peces dorados con aletas azules, y ella tendió una mano que hendió el agua y rozó las aletas de algunos peces. Lo que habría más allá pronto se vería.

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