La cama era blandísima, con sábanas recién cambiadas y con un olor brumoso a jazmín.
Me encantó que me regalaran una cesta con frutas tropicales cada día.
Me encantó la terraza con sillas de mimbre y vistas a la sabana.
Me encantó la bañera enorme y con patas de elefante, y que me trajeran sales de baño.
Me encantó la parte abuhardillada donde estaba el escritorio, y la orquídea que crecía en el jarrón largo y estrecho.
Me encantó el jardín con sus cisnes y otras aves, donde cené cada noche cenas como chuletas con patatas y de postre una tarta de fruta fresca.
En definitiva, quiero quedarme a vivir aquí.
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