(Viendo un documental sobre Francisco Umbral)
Escribir una historia que es la vida que va pasando (escribir una historia a medida que la vida pasa).
(Viendo un documental sobre Francisco Umbral)
Escribir una historia que es la vida que va pasando (escribir una historia a medida que la vida pasa).
Soñé que un arbusto silvestre daba higos grandes y a punto de deshacerse de tan jugosos en la base de un talud de una urbanización como la de Vitoria, y que yo quería recogerlos con un tupper y se lo decía a David.
Estuve húmeda
tuve moho humedades
me sacaron a empellones
con tenazas me deshicieron
sacándome cada clavo
partiéndome quebrándome
me deshice formando
torbellinos infinitos de oro
haciendo toser
provocando enfermedades
con mis mohos indigestos
y dije adiós
y volví a ser nada
en el vertedero infinito
que es la tierra.
(la antigua pared del baño)
Son las cuatro. Sin necesidad de encender aún ninguna luz, escribo en mi escritorio en algo que comienza a ser penumbra. El jardín espolvoreado de blanco parece un bizcocho con azúcar glas; más allá de los árboles también nevados el cielo brilla con suaves azul, rosa y blanco, como una cobertura de algodón de azúcar o la gama de colores de esponjas de farmacia para niños. A medida que los días se alargan mi pena merma. Pienso en cómo alimentar mi cuerpo y mi alma agotados por el frío y la oscuridad, en cómo vencer este cansancio. Pienso en el amargor tonificante de ese primer verde que aún esta lejos. Pienso en tardes del futuro en las que la nieve se habrá derretido y el ruido habrá cesado y podré por fin estar tranquila, acurrucarme, releer y corregir obsesivamente papeles que luego nadie leerá, salir a pasear con un libro y sentarme entre los árboles aún sin hojas y las piedras húmedas y cubiertas de musgo a leer poemas y a invocar la primavera.