jueves, 5 de junio de 2025

Una postal de la ciudad donde vivo

Es la rosaleda de Helsinki. Aún no he estado, pero imagino que hay rosas y el mar de fondo. Algunas han florecido, otras guardan sus capullos en un abrazo apretado de sépalos, pétalos olorosos y gotas de lluvia. Quizá me siento en un banco y recuerdo esa otra rosaleda en Madrid, la mañana en que me senté en un banco después de ir a la sección de limpieza en seco del Corte Inglés con mamá y hacía demasiado sol, y no era así como me había imaginado que leería los poemas de Juan Ramón Jiménez sobre la primavera. Y recordaba también cuando estuvimos en la rosaleda el día del apagón y la confusión que sentía ese día, también muy soleado pero incierto y raro.

En cualquier caso, esta rosaleda no es aquella, y hoy no hace calor pero se está bien. Las hojas de las rosas brillan con un verde nuevo y los tallos se inclinan un poco como diciendo: huéleme. Los bancos están vacíos y apenas hay gente porque así es Helsinki. Más allá de la rosaleda, hay un parque y después semáforos y la carretera por la que pasa el bus que me lleva a casa.

Es una rosaleda bonita, pero me decepciona un poco porque es pequeña y un poco insípida, como la mayoría de las cosas aquí.

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