Hay dos tipos de personas: las que me intimidan y las que no me interesan.
Quizá este aislamiento que he hecho tan mío no es tanto mi culpa como pienso: en las reuniones sociales estoy condenada a sentirme o tremendamente aburrida o tremendamente intimidada, y aun cuando no estoy en ninguno de esos extremos: siempre fuera, fuera, fuera. Nada que hacer, son una pérdida de tiempo.
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