Es la foto que me hicieron en la plaza de San Marcos, con los brazos cubiertos de palomas. Un señor (imaginario), está atravesado en la foto. Se aleja de espaldas, lleva un polo amarillo y chinos beige. Se dirige a uno de los cafés de la plaza, donde ha quedado con su amante, y está enfadado. Sabe que la discusión es inminente, y por eso se apresura, en los brazos de la ira sus pies adquieren una velocidad increíble mientras piensa en la lluvia, en el olor del café y de los biscottis, en los reversos seguramente húmedos y mullidos de los brazos de su amante mientras le da vueltas al café con la cucharilla.
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