Vuelvo a mi interacción con el mar cuando me dejo llevar. Cuando no intento dirigirme, cuando como sin mesura pero sin hartarme y le dejo al animal suave de mi cuerpo hacer lo que le apetece. Mastubarse, tumbarse, descansar, coger mis dos piernas y salir por la puerta, respirar el aire fresco y recién lavado por la lluvia, caminar mientras canto una canción, probar el agua del mar, sentarme en la orilla a respirar, pensar en otros lugares y en otros sueños, pensar que soy un pez, una lombriz que horada la tierra.
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