martes, 1 de diciembre de 2020

Por algún motivo el ruido de los obreros trabajando en la cocina, en vez de encresparme los nervios, me tranquiliza. Me cuesta más concentrarme pero el ruido de su trabajo actúa como un calmante, asegurándome que hay cosas que se están haciendo; la materialidad reconfortante de suelos y paredes destruyéndose o construyéndose y el rumor continuo de la radio que encienden desde que llegan contra la intangibilidad horrible de mi angustia.

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