sábado, 2 de mayo de 2020
El marido
Me quedo con él porque no sé qué otra cosa hacer, y también porque le quiero o un poco. O bastante. Aunque se debate dentro de mí un ansia de soledad absoluta que sé que un día triunfará sobre todo lo demás, mi sueño supremo. A veces me molesta su necesidad de sexo, o simplemente que esté ahí cuando quisiera sentarme a escribir o a leer o a intentar pintar algo sin que nadie me viera. Solo sentarme y estar sola como cuando de pequeña cerraba la puerta del baño antes de ir al colegio y me imaginaba que luego no abría la puerta, que me quedaba toda la tarde comiendo galletas y leyendo un libro. Ese es mi sueño absoluto: un lugar en el que estar sola sin que nadie pueda abrir la puerta, donde ser consciente de mí todo el rato, de cada minuto, de cada hora. Cuando se va planeo cosas: lecturas, horas de escritura, de intentar pintar o hacer impresiones, de hornear panes o galletas. Cuando él está las horas pasan blandas, sin aristas, no me doy cuenta de cada minuto. A veces es agradable que el tiempo pase así, es como un respiro. Otras veces me irrita y querría volver a estar sola, volver a ese sueño absoluto de mi infancia, a ese lugar de soledad donde poder liberarme de la mirada de los otros y estar sola con el tiempo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
-
De camino a Isle-en-Dodon, en el bus lleno de chicas adolescentes: pensar en Carlota y acordarme de esa pátina de chicle de fresa que lo cub...
-
un beso dos caras tres hermanos cuatro cubiertos cinco comensales seis aceitunas siete de agosto ocho vasos nueve canicas diez peces once ci...
No hay comentarios:
Publicar un comentario