Siempre empieza así
el principio del fin
con las pequeñas roturas
Primero el llanto inconsolable
el duelo por un mundo
que sé insalvable
Luego el tragar saliva
la mirada fija frente a mí
en el insomnio
el pecho endurecido y agrio
Luego las resoluciones
el barrer hacia mi casa
y el sentirme libre por fin
del hombre
de su necesidad de sexo, consuelo
y comida
de sentirme observada
libre por fin
ni madre ni hija
sin destino
con cualquier destino
sola.
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